
Como un último atardecer, cuando intentas memorizar cada rayo de sol, cada nube rasgada, cada policromía dorada que se desvanece lentamente. Con esa sensación de ser algo que se termina, con sangre que gotea de las yemas de los dedos hasta tu regazo. Sangre roja y pupilas dilatadas, venas de un corazón que estallan en mil pedazos. Sueños perdidos que desaparecen delante de tus ojos y que al final sólo dejan vacío.
Es querer luchar cuando nadie lucha. Amar cuando nadie ama. Soñar cuando ya nadie sueña.
Como los ángeles cuando bajan al infierno, como el enamorado que pierde toda esperanza, como la luz que rebota en la oscuridad de la cueva hasta quedarse en sólo eso, oscuridad.
Al final el gusano siempre se tranforma en mariposa.
















