lunes, julio 26, 2010


Caen flores por todas partes. Son rosas silvestres. Mis pies rozan la hierba como si flotase, y los pétalos lo inhundan todo. La escena transcurre en silencio. Los ojos cerrados.

De pronto los abro. Estoy tumbada en la cama, con los brazos abiertos y todavía con la mueca de una antigua sonrisa dibujada en la cara. Cierro los ojos. Quiero volver, necesito sentirlo otra vez. Afuera las primeras luces del alba se cuelan tímidas por las rendijas de la persiana, y los barcos pitan para hacerse ver en una mañana de niebla.


Vuelvo a cerrar los ojos. Estoy en la casa de siempre, sentada en un sillón de mimbre viendo el atardecer. Alguien me acerca una taza de té, me giro pero no consigo verle el rostro. A mis pies está mi vieja gata, enroscada. Las nubes juegan a hacer formas y mis manos tejen inconscientemente un collar de flores amarillas. La mano que me ofreció el té vuelve con unas galletas. Se sienta a mi lado, me coge el collar y se lo prueba con una sonrisa. Es ella, está tan guapa como siempre, con su vestido azul de flores. Acerco mi mano a la suya y me doy cuenta de que es mucho más pequeña. Corro hasta el espejo y compruebo que quien me observa al otro lado tiene unos 10 años. Ella se acerca y me abraza. Cierro los ojos. No quiero despertar.


Pero los abro y estoy de nuevo en mi cuarto. El reloj marca las 9 en el mundo en que los sueños son sólo sueños.

sábado, junio 26, 2010

No es un sueño. Ojalá lo fuera.

sábado, mayo 01, 2010



Imagina un paisaje nevado. Una llanura inmensa que termina en una cordillera escarpada que se pierde en el horizonte. Los copos caen lentamente, como si la escena estuviese congelada en el tiempo. A tu alrededor sólo un par de árboles desnudos, quebradizos, que huyen con sus ramas del duro invierno. Estás desnudo, pero no sientes frío. Sólo soledad.


Tristeza.


Escuchas el silencio, el silencio de la llanura, del cielo plomizo, de lo estático.


Tus pies se hunden en la nieve.


A lo lejos ves una mancha negra que se acerca, volando. Es un cuervo. Sus plumas brillan al contraste con la nieve, y sus grandes alas se mecen en la suave brisa creando un camino de matices negros en el horizonte. Se apoya en una rama, a tu lado. Te observa con inteligencia.


Le sonríes, y él se acerca más, mientras de su pico cae algo brillante y amarillo. Te acercas y compruebas que es un grano de maíz. Algo aparentemente tan pequeño, tan insignificante... Te agachas a cogerlo y de pronto todo cambia.


La nieve se ha convertido en un inmenso campo de flores amarillas. Los árboles cargados de fruta descuelgan de sus ramas los trinos de los pájaros, y el cielo azul cobalto refleja tu sonrisa. Tu cuerpo se calienta con los rayos del sol e instintivamente te dejas caer rodando por la colina. Exhausto, te incorporas y ves a lo lejos una mancha que se acerca. Es una mujer. Su cuerpo desnudo parece jugar con tu mirada, un auténtico laberinto que avanza hacia ti. Su larga melena negra se ondula con el viento como si de pinceladas en un lienzo se tratara. Se acerca a ti y abre su puño cerrado. Un grano de maíz brilla bajo el sol.
Te sonríe, y sientes que la soledad se desvanece poco a poco, como los últimos granos en un reloj de arena.


viernes, abril 09, 2010

De monstruos, lobos y princesas.


¿Por qué ya no tienen miedo al monstruo que hay debajo de la cama?

¿Por qué no respetan al lobo feroz?

¿Por qué no sueñan con castillos encantados?



Hay algo que estamos haciendo mal...

sábado, marzo 13, 2010


Carlota era diferente. A Carlota le gustaba cerrar todos los cajones antes de irse a dormir, apretar con fuerza los ojos para memorizar algo bonito y acariciar telas en viejas mercerías, cuando nadie la veía. Para Carlota el mundo no era redondo, sino plano: al final del océano caías precipitadamente en un inmenso vacío que te catapultaba hasta el espacio.


Por las mañanas, Carlota se levantaba sonriente, se ponía su vestido rojo, el abrigo largo y el viejo paraguas verde y salía a la calle deseando encontrarse con algo interesante que observar.


Por las noches, dejaba su viejo paraguas, colgaba el abrigo, se quitaba el vestido y abría su cuaderno por la página 10. Leía aquella frase, sonreía, preparaba una taza de leche y se acostaba cuando todavía la calle era un hervidero de gente.


Carlota no tenía muchos amigos, porque en grandes grupos decía perderse en la maraña de conversaciones. Prefería las distancias cortas, el cara a cara, los susurros en una butaca de cine a medianoche, un café en penumbra, la sensación de ser escuchada con atención.


Tenía muchos sueños, demasiados quizás, y prefería ver la vida en sí misma como un sueño que no sufrir, como hacían los demás. Soñaba con una vieja casa, que, como si hubiese sido hecha de papel, se mecía con el viento amenazando con venirse abajo. Su casa, inhundada de cajas de latón esmaltado y de periódicos amarillentos. Soñaba también con fotografías antiguas de gente que nunca llegó a conocer, con lágrimas nunca derramadas, con historias y leyendas demasiado poco creíbles para los demás.


Para Carlota no había blanco y negro, todo era gris, el gris del mar en días de tormenta, el gris del barro de los charcos, el de un amanecer cargado de niebla, el de las palomas mensajeras, el del papel fotográfico estampado...


Carlota, la incomprendida. Pero Carlota era feliz.


Y seguía soñando con encontrarle entre la maraña de gente que bajo sus abrigos y bufandas caminaba apresurada hacia destinos inciertos. Sería fácil reconocerlo, sería la única persona que caminaría en el otro sentido.




domingo, febrero 28, 2010



Una respiración contenida...

La piel se eriza protegiendome del frío.

Sábanas blancas.



El sol de la mañana traspasa el cristal de la ventana, proyectándose sobre su cuerpo. Las cortinas danzan, juguetonas, impidiendo que la brisa llegue hasta donde me encuentro. Observo la escena sentada en una esquina de la habitación, en un sofá desgastado que se pega a mi piel. Él está durmiendo, con las sábanas enroscadas en sus tobillos atrapándole en un camino de sueños. Sueños que quizás son más dulces que la realidad, pues una sonrisa se dibuja en su boca al compás de la respiración.


Al otro lado de la ventana varios árboles se sacuden el rocío, y el cielo, azul cobalto, sin apenas nubes, refleja un mar cansado de tempestades.


Un viejo reloj de pared pone ritmo a la escena.


Tengo frío, pero no quiero moverme. Quiero congelar este momento.



viernes, febrero 05, 2010


A veces mi alma se escapa y queda sólo mi cuerpo. Mi casa deja de ser mi casa, mi rostro se vuelve un extraño ante el espejo y todos mis pensamientos, buenos y malos, se desvanecen. Es como empezar a vivir de nuevo, como volver a ver el mundo con otros ojos. El árbol de la colina no es el de siempre, puedo buscar nuevas sensaciones, nuevas caras en las de mis amigos. Puedo incluso sentir más que lo que sentiría normalmente, porque todo se ve etéreo, como en un sueño, pero a la vez claro y brillante. Como cuando despiertas de un sueño profundo y tardas en reconocer tu cuarto... sí, es esa la sensación. Un desamparo que sin embargo me parece agradable, que me permite conocerme de nuevo y volver a conocer a los demás.

Sin embargo a veces desearía no despertar de ese insomnio, que mi alma siguiera alejada de mi cuerpo para poder seguir sintiendo lo mismo una y otra vez. Esa sensación de que todo es diferente.

Me cuesta mucho describirlo, es como despojarte de ti mismo, como quitarte las cargas, emocionales y materiales, quedando sólo el cuerpo. Lo tangible, lo que me permite sentir, sin más. Es como volver a ser libre...

Porque a fin de cuentas, vivimos encerrados en jaulas con las puertas abiertas.

lunes, febrero 01, 2010


Me da igual, voy a seguir saltando charcos, con el barro hasta los tobillos, y con lágrimas negras en los ojos. A fin de cuentas sólo se vive una vez...

jueves, enero 21, 2010



Como un último atardecer, cuando intentas memorizar cada rayo de sol, cada nube rasgada, cada policromía dorada que se desvanece lentamente. Con esa sensación de ser algo que se termina, con sangre que gotea de las yemas de los dedos hasta tu regazo. Sangre roja y pupilas dilatadas, venas de un corazón que estallan en mil pedazos. Sueños perdidos que desaparecen delante de tus ojos y que al final sólo dejan vacío.


Es querer luchar cuando nadie lucha. Amar cuando nadie ama. Soñar cuando ya nadie sueña.

Como los ángeles cuando bajan al infierno, como el enamorado que pierde toda esperanza, como la luz que rebota en la oscuridad de la cueva hasta quedarse en sólo eso, oscuridad.


Al final el gusano siempre se tranforma en mariposa.

domingo, enero 10, 2010


A veces pienso que hay dos tipos de personas, las que corren y las que caminan. Las que pasan por el mundo sin apenas pararse a ver lo que hay alrededor, y las que prefieren detenerse y observar.

Ya sabeis lo que opino de la sociedad actual, de prisas, coches, humos y estrés innecesario. Supongo que por eso me considero parte del grupo 2, el que camina, el que se deja llevar por el segundero, que duerme detrás de una vidriera y que sueña con despertar en otro mundo, en otro lugar.

Y lo más difícil es mantenerse, no dejarse contagiar.

Quiero naufragar y empezar de nuevo. Una y otra vez. Coger rosas silvestres y que me sangren las manos. Bañarme en invierno (como aquella vez) y sentir escalofríos por todo el cuerpo.

¿Que qué le pido al 2010? Poder SENTIR... lo demás es innecesario.

martes, diciembre 08, 2009


Bienvenidos al Cabo de Buena Esperanza.

Exploradores, marineros rudos, fuertes, esperanzados, que viajaban con barriles cargados de deseos embriagadores, que luchaban contra ballenas gigantes y se acobardaban ante sirenas evocadoras de dulces melodías. Velas, harapos rotos en tempestades, olor a salitre en viejas bodegas inclinadas con el baibén de las olas. Barba de varios días, camisa descamisada, pantalones manchados de brea y sueños en la cabeza... muchos sueños.

Puestas de sol, catalejos y viejas gaviotas cansadas reposando en mástiles carcomidos por la polilla. Orgullo, piedad, espadas oxidadas y ojos tristes.

A lo lejos, un peñasco. Un trozo de tierra abrazando el mar, un acantilado que saluda al recién llegado, que le susurra entre las olas, el viento y las gaviotas.

Viejas esperanzas, largos viajes buscando el horizonte finito del mundo, duras batallas contra un mar bravo y salvaje, indomable... pero finalmente dominado. Hombres que recorrieron medio mundo y que mantuvieron la esperanza.

Tiempo pasó ya de aquellos viejos navegantes de compás y astrolabio, pero algunos de nosotros todavía guardamos la esperanza de volver a sentir como ellos sentían la nostalgia de viajes inolvidables.

lunes, noviembre 16, 2009


Piensa que nadie la observa y murmura una dulce melodía. Su cuello, pálido, suave al tacto, se eriza con una corriente de aire demasiado fría. El escalofrío va recorriendo lentamente su cuerpo agotado, como si de un suspiro se tratara.

Es una mujer anónima.

Nadie le ha dicho que hoy estaba muy guapa con su nuevo vestido, ni tan siquiera la han mirado de refilón al pasar por la ventana. Vive entre cuatro paredes. Dice vivir. Los días pasan y su piel tersa dejará de serlo, su cabello dorado se teñirá de canas y la luz de sus ojos se apagará dejando a oscuras los recuerdos.

Es una mujer triste.

Frente al espejo simula ser quien no es, sonriendo hasta que el carmín de los labios se desfigura en una mueca trágica y cómica a la vez. Sueña con poder ser otra, con sentirse deseada, con que los ojos de algún hombre se posen en su alma.

Es una mujer que grita.

Grita pidiendo ayuda, que alguien la saque de su jaula. Pero la gente no la ve, camina ciega en su día a día, y Ella pasa a convertirse en una sombra en un cuadro de claroscuros.

sábado, octubre 31, 2009

Una suave brisa mecía el barco con dulzura mientras el silencio nos envolvía en un paño húmedo y salado. El sol producía destellos en el oceáno, y acariciaba nuestros cuerpos mojados creando pequeños dibujos con las gotas de agua. Nubes blancas, algodonosas, perfectas, nos observaban desde un cielo azul cobalto, limpio, puro... En nuestra cara, una sonrisa. Una cría de cormorán curioseaba desde un peñasco cercano, como queriendo acercarse. De un lado, la inmensidad del océano se abría ante nosotros. Del otro, un acantilado de tonos parduzcos, con sus miles de años de formación a sus espaldas contemplándonos. Qué puedes sentir en momentos así.

Cómo encontrar las palabras que describan esa sensación. Escuchar sólo el oleaje, oler el mar, saborear el agua salada, sentir el tacto de los rayos del sol, ver el infinito y no sentir vértigo. Es imposible de explicar, imposible de reflejar con palabras una sensación así.
Sólo espero que al menos podais comprender de qué hablo.

domingo, octubre 11, 2009


Soñé que un pájaro rozaba la ventana y a su paso dejaba un juego de luces y sombras. El sonido del silencio repicaba en mi cabeza, y la habitación se encogía queriendo ahogarme. Saltaba por la ventana y echaba a correr, rozando con mis pies descalzos la hierba mojada. Atravesaba valles, colinas y bosques, mi vestido se enganchaba en las zarzas pero yo continuaba. Mi cuerpo se encogía lentamente, sintiendo el frío helador de la noche en cada poro de mi piel. Las estrellas se movían a mi paso, y en el horizonte los primeros rayos del sol dibujaban tonos sepias y rojos que acariciaban las copas de los árboles.

Tomé un camino serpenteante que, colina abajo, parecía perderse en la hojarasca. La colina se convirtió en acantilado, y el acantilado, en playa. La arena blanca resplandecía ya al sol de la mañana, y una ligera brisa mecía con suavidad el océano.

Silencio. Sólo interrumpido por el oleaje.

Me quité el vestido y dejé que los rayos atravesaran mi cuerpo desnudo. Sentía el roce de la arena, suave, cálida, que acariciaba mi alma.
Me sentía libre.


Nota: Tengo la costumbre de acompañar la escritura con una fotografía, pero esta vez prefiero que sea vuestra imaginación la que trabaje con sensaciones.

viernes, octubre 09, 2009



Y estalló en mil pedazos, como si una bala le hubiera atravesado el corazón...

miércoles, octubre 07, 2009


Una mesa con papeles, un ordenador encendido y un funcionario bostezando. Una clase llena de adolescentes, ninguno presta atención, una profesora tímida que se siente inferior. Una oficina, suena un teléfono, nadie lo coge, una secretaria mira abstraída por la ventana.

Una casa, una hipoteca, un coche con el que poder ir al trabajo para pagar la hipoteca, el coche y la ropa que lleva encima. Un absurdo, una sociedad que impone. Que redime a los que se salen de la línea.

Colegio, instituto, universidad... trabajo, jubilación... muerte.

Puedes escoger tu forma de vida. Puedes decidir qué hacer. Ser un miembro más del sistema, o salirte de él. 70, 80 años en los mejores casos. Sólo tú decides como emplearlos.

Una mujer, su pelo revolotea con el viento, pintura y un lienzo. En la playa, una tarde de invierno.

Un mercado, frutas, verduras, colores y sabores. Un hombre ríe mientras vende los productos de su huerta.


Un lago, los pies cuelgan del viejo embarcadero, rozando el agua. Sensación de libertad.


Tú decides.

sábado, octubre 03, 2009




Huele a otoño, a hojas secas y tardes cortas. A cambios de horarios, a nubes negras, a bufandas de rayas y a paraguas rotos. La luz se vuelve naranja, marrón y roja y a las playas naufragan los restos de un verano inolvidable. Ves tu reflejo en los charcos y te devuelven una sonrisa, una sonrisa de otoño. Prisas, atascos, colegios... y de pronto, calles vacías. Unos tacones que gritan ¡eco! en las alcantarillas mientras el cielo retumba.

Almohadas de sueños en los bosques deshojados.

Olor a castañas asadas, chimeneas que dibujan nubes y edificios grises. Café caliente y bizcocho mientras escuchas el repicar de una campana al otro lado del pueblo. Sensaciones que, olvidadas, empiezan a despertar de nuevo.

viernes, septiembre 18, 2009


Quiero un columpio. Y poder volar, que el vestido se me retuerza en bucles infinitos, y las risas se escuchen al otro lado del parque. Quiero sentir el viento en la cara otra vez, y no olvidarme de esa sensación. Echar la cabeza hacia atrás y ver el cielo con sus nubes, blancas, gorditas, tiernas... y quedarme así, balanceandome suavemente...

miércoles, agosto 05, 2009


Porque todo va a salir bien. Porque cuando menos te lo esperes, estaremos saltando de alegría.

jueves, julio 30, 2009



Silencio. Soledad. Tristeza.

Casas deshabitadas.

Entrar en una es como parar el tiempo. Los relojes en la pared marcan horas imposibles, la madera del suelo cruje y los cristales de las ventanas están esparcidos en mil pedazos. Una vieja silla espera impaciente que alguien limpie su polvo. Sombras y claroscuros, luces que se filtran como rayos divinos entre las grietas del tejado. Casas que al ser abandonadas frenan sus vidas, haciendo que el visitante se sienta como un anciano ante su viejo baúl de recuerdos.

Por eso, porque no quiero que queden en el olvido, hago mi pequeña colección de fotografías. Al margen de las carreteras viejos caserones de piedra y madera abren sus puertas deseosas de que al menos alguien las recuerde, por eso no lo puedo evitar, y frenamos el coche. Cojo la cámara, abro la verja oxidada he inmortalizo...inmortalizo cada rincón perdido en el olvido.