lunes, junio 27, 2011



A veces me quedo sin fuerzas, esperando a que una mano fuerte me coja y tire de mí para sacarme del pozo. Otras, escalo yo sola, colocando los pies en las rendijas de las piedras, poco a poco, aunque tiene mucho verdín y me resbalo.

Me pregunto cuándo terminaré de escalar, cuándo podré salir. Por las noches contemplo con los ojos muy abiertos el círculo de cielo allá arriba. Si soy paciente, puedo ver la luna, grande y luminosa. 


Quién fuera pájaro... y así poder salir volando.

jueves, abril 28, 2011

Hace frío...

El sol se ha vuelto una bola desfigurada de fuego rojizo.

Silencio.

Más allá del valle, las montañas rasgan el horizonte.

Caminas despacio, arrastrando los pies por el camino de grava. A lo lejos una luz tintinea. Te acercas. Es una cabaña, con un candil en la puerta. Tus nudillos rozan la puerta, que se abre sola. Entras y a un lado la chimenea crea dibujos con las llamas. Al otro, una mujer sentada en una mecedora te da la espalda. Su pelo cobrizo resvala con suavidad por el respaldo de la silla. Avanzas con cautela, pero ella se levanta. Está desnuda. Su cuerpo blanco contrasta con la oscuridad de la estancia. Tu corazón empieza a latir. Se acerca y te coge la mano. Os arrastrais hasta la chimenea, y lentamente te quita la ropa mojada por el rocío. Os sentais en el suelo, lleno de polvo, y te dejas llevar por el calor del fuego. Cierras los ojos y sólo escuchas estallar la madera. Te duermes. Cuando despiertas, la mujer ya no está. Tu cuerpo no reacciona, amortajado por el frío. Te vistes y sales al porche de la casa. La luna grande y blanca ilumina el bosque.

De pronto, a lo lejos, ves una silueta. Un ciervo, con una hermosa piel cobriza cruza el páramo internándose en la espesura.

jueves, abril 21, 2011

Sangre derramada

El ser humano es extraordinario. Si, es un anuncio de una conocida marca de refrescos, pero me viene que ni al pelo para la historia que os voy a contar. Las impresionantes pirámides de Egipto, los clásicos templos griegos, la sobriedad de las iglesias románicas... desde siempre el ser humano ha construído obras de gran complejidad que a día de hoy todavía nos mantienen maravillados. El sudor de muchos hombres, la sangre derramada de otros tantos, han permitido que nos llegue su trabajo en forma de grandes monumentos. Pero claro, siempre hay esfuerzos que se quedan por el camino, que nunca merecerán el respeto que otros sí parecen merecer. 

Ayer buscando por la red algún sitio bonito que visitar me encontré con una historia de lo más curiosa. Se trata del túnel de La Engaña. Situémonos: año 1941, en plena posguerra española, se decide construir un ferrocarril que conecte el Mar Mediterráneo con el Cantábrico, del cual sólo sería necesario aumentar vías en ciertas partes para conectar las ya existentes. Y una de esas vías era una obra de ingeniería que supondría el mayor túnel de la época. Era necesario para atravesar una cordillera que separaba la provincia de Burgos de la comunidad cántabra. Una obra que supondría una perforación de nada menos que 6.976 m de longitud, una anchura de 8 y una altura de 6.5. Para llevarlo a cabo construyeron dos poblados, uno en cada boca del túnel, para albergar a los presos (en su mayoría republicanos) que se encargarían de construir la obra. 

Entrada Sur

Y así fue como, emulando a los americanos en la construcción de su famoso ferrocarril, la excavación empezó en 1951 por ambas bocas, avanzando unos 3 metros al dia. Las dificultades con las que se fueron encontrando a lo largo de la obra llevó a que los 4 años previstos para finalizarla se convirtiesen en 8. Los presos fueron absueltos pero muchos siguieron trabajando en el túnel, ayudados por nuevos operarios, y pese a que las fuentes no dan cifras concretas, se cree que unos 20 trabajadores murieron en la construcción del túnel, más todos los que posteriormente se vieron afectados por la tristemente conocida silicosis, enfermedad pulmonar sin cura producida por la inhalación de químicos contenidos en la sílice cristalina.


Interior del túnel cubierto por el agua

Pero lo más triste de esta historia es que una vez terminado el túnel, en 1959, se paralizó la obra de la vía que comunicaría los dos mares cuando a penas faltaban 50 km por terminar. Pese a ello funcionó en los tramos sí finalizados, entre ellos el túnel, pero con el gobierno de Felipe González se clausuraron todas aquellas vías que no superasen un determinado número de beneficios económicos, y el túnel de La Engaña se cerró para siempre al tráfico ferroviario. Tantos esfuerzos, de tantas personas, quedados en el olvido. 

Entrada Norte del túnel
Hoy en día pocos intrépidos deciden aventurarse en sus entrañas, pues en 1999 en el kilómetro 2.8 se produjo un derrumbe que impide la comunicación de una a otra salida. Además, es peligroso por posibles derrumbes de la estructura debido al abandono, y el suelo está cubierto de agua, debido a las proximidades del río que da nombre al olvidado túnel. Quisiera poder ir algún día y verlo con mis propios ojos, una obra de ingeniería ahogada por hiedras y desprendimientos, con los ecos de los presos picando la piedra, sabiendo que su esfuerzo no serviría de mucho en una España donde la historia, el arte y la cultura se olvidan demasiado pronto.

jueves, abril 07, 2011

De laberintos y minotauros

Desde que era muy pequeña siempre me llamaron la atención los laberintos, esos rincones mágicos donde perderse. Es curioso que de la mente humana surgiera la idea de crear un intrincado de caminos para, por un lado, invitar a la meditación y a la soledad, y por otro, elaborar un desafío estratégico para el osado que se adentrase en sus dominios. ¿No es curioso, pues, que el hombre, desde tiempos inmemoriables, haya querido invitar a jugar a perderse a tantas y tantas generaciones?

La palabra laberinto procede del griego λαβύρινθος (labýrinzos), y de allí nos llega la historia antigua más conocida que tiene que ver con uno de estos intricados caminos. Pese a que ya los egipcios hacían referencias a ellos, e incluso hablando ya en términos más cercanos a nosotros, nuestros antepasados de la Edad de Bronce elaboraban en piedras los dibujos de un laberinto univiario (es decir, que sólo tiene un camino, no hay más posibilidades que la de seguir siempre hacia adelante para encontrar la salida), la referencia que mejor conocemos todos es la historia del Minotauro y el laberinto. 

Minos mandó construir expresamente un laberinto en Cnosos (Creta) para encerrar en él al Minotauro. Cuenta la leyenda que el dios del mar Poseidón donó al rey Minos un hermoso toro blanco para sacrificarlo en su honor, pero Minos, prendado de la belleza del toro, sacrificó a otro y escondió entre su rebaño al toro blanco. Poseidón, furioso, hizo que la hermosa mujer de Minos, Parsifae, se enamorase del toro, y fruto de ese "amor" nació el Minotauro, un ser con cuerpo de hombre y cabeza y rabo de toro. Debido a que Dédalo (aquitecto y artesano) había ayudado a Parsifae en la consumación de su acto, Minos lo castigó mandándole construir un laberinto de tal complejidad y magnitud que impidiese encontrar la salida al Minotauro. Parte de la maldición inflingida por Poseidón hacía que el Minotauro debiera alimentarse de carne humana cada 7 años, de forma que, llegado el momento, eran introducidos en el laberinto 7 hombres y 7 mujeres vírgenes que acababan siendo presas del hambre de la bestia. Finalmente Teseo, futuro rey de Atenas y hombre valeroso, entró en el laberinto haciéndose pasar por uno de los hombres vírgenes de la ofrenda y acabó con la desdicha del Minotauro matándolo. Pudo salir del laberinto siguiendo el hilo que Ariadna , hermana del Minotauro, le dejó para que no fuese presa de los intrincados caminos del laberinto.

Pero no todo es leyenda, pues los textos antiguos hacen referencia a cuatro grandes laberintos: el de Egipto ubicado en el lago Moeris, el griego de la isla de Lemnos, el etrusco de Clusis y el cretense de Cnosos del que hemos hablado. Las propias monedas de Cnosos hacían referencia al laberinto. 


Leyendo todo esto, ¿no os entran ganas de perderos en alguno de los laberintos, unos olvidados, otros desaparecidos ya, que son una demostración bien antigua de la capacidad del ser humano por imaginar y ponerse desafíos?

miércoles, abril 06, 2011

Corren nuevos tiempos

Los que estabais habituados a leerme (cada vez más pocos) os habréis dado cuenta de que he hecho algunos cambios. A veces hay cambios que llegan sin avisar, como si una mano te cogiese en alto, desvirtuase tu mundo, y te volviera a colocar en el mismo lugar. Y claro, lo que antes era ya no es, y viceversa. Así me llevo sintiendo yo desde hace unos meses, así que bueno, he decidido dar un cambio al blog para intentar respirar aire fresco. Más luminoso, oliendo a hierba recién cortada, espero llenarlo de mensajes más cargados de optimismo que lo que venía haciendo últimamente. Será difícil por las circunstancias, pero lo intentaré. Porque, como decía aquella canción, cuando todo va mal, sólo queda esperar que sople el viento a tu favor. Y yo, además de esperar, soplaré y soplaré hasta que las velas de mi barco se vuelvan gordas y blancas como las nubes de la cabecera de este blog, y que me ayudarán a surcar los mares incluso bajo las peores tempestades.

Espero que os guste el cambio, y perdonad si os encontrais con algún problema porque todavía estoy en reformas.

viernes, marzo 25, 2011

Ella duerme tras el vendaval. Sueña con despertar en otro tiempo y en otro lugar.

jueves, marzo 10, 2011

Nieva...

Copos blancos, lo cubren todo. Tapan las chimeneas llenas de hollín, los prados quemados por el frío, la carretera cubierta de agujeros. Tapan las lágrimas, los gritos, las injusticias. Lo cubre todo de blanco, un resplandeciente color que se filtra en mi retina, que me ciega, que me llena los pulmones de aire fresco... que congela mi mueca en una sonrisa.

Nieva, cubriéndolo todo al fin por un velo blanco. Olvido el camino de vuelta a casa, y me pierdo con la nieve por las rodillas. Me pierdo, me dejo perder en la inmensidad blanca.

viernes, febrero 25, 2011

A veces me quedo ya sin fuerzas... como si mis brazos y mis piernas fueran movidos por una mano invisible. A veces estoy tan cansada que sólo me gustaría poder cerrar los ojos y dejarme ir... despacio, muy despacio.

domingo, enero 30, 2011

Gente... coches, ruido, luces... silencio. Recorro la fachada de la casa con la vista, y tomándome mi tiempo, cruzo el umbral de la puerta. Mis ojos tardan en acostumbrarse a la oscuridad, pero empiezo a distinguir muebles apolillados, sábanas... polvo en el aire, que juega con un rayo de sol que se filtra por la persiana rota. Escalofríos. Hace frío de pronto. Como si el tiempo se parase, el reloj de pared observa silencioso la escena. Recorro la estancia y subo las escaleras. Una habitación. En el alfeizar de la ventana asoman varias velas encendidas, medio consumidas ya. Huele a iglesia y a cementerio. A paz. Otra habitación, llena de relojes. En movimiento. Tic tac. Tic tac. Salgo despavorida. Última habitación, oscura. Noto que alguien observa desde una esquina. Otro escalofrío. Bajo de nuevo las escaleras. Salgo de la casa.

Fuera el sol calienta mi cuerpo, mis pequeñas manos aprietan con fuerza el oso de peluche. Ante mis ojos una enorme extensión de prados. Crecen árboles en el horizonte, junto a las montañas. Ya no hay coches, ni gente, ni ruido. Sólo el sonido del viento.

jueves, enero 20, 2011

Me coges de la mano, el mundo da vueltas y se vuelve borroso. El viento me trae el aroma de tu pelo, de tu sonrisa y tus lágrimas, ya secas en tus mejillas, creando surcos imposibles. Me abrazas, te abrazo. Siento que no estoy sola, que hace tiempo que dejé de estarlo.

La lluvia juega con tu pelo, enredándolo, creando gotitas multicolores que se dispersan con cada movimiento de cabeza. Metes la mano en el bolsillo, sacas una vieja navaja oxidada y me dices que recojamos setas.

Los prados verdes inhundados de semillas, agitadas con el viento y la lluvia, agitadas con nuestra presencia. Remolinos de plumas y pétalos, remolinos de recuerdos y promesas. El río que no baja, sino que sube, pendiente arriba, para estallar en mil pedazos al llegar a la cima de la colina.

Y tú sigues sujetándome de la mano, sintiendo tu calor, el latido de tu corazón en tu muñeca.

domingo, diciembre 12, 2010


Qué miedo dan los sueños, ¿no sería mejor dejarlo en eso, en sueños perdidos por los callejones de la mente, deseosos de escapar, pero sin hacerlo? Porque ante los sueños pende el hilo de la decepción. Creamos una utopía futura en la que vivir, olvidándonos incluso de vivir nuestro presente, para que al final, un día, cumplamos ese sueño. Y entonces llegue la decepción de ver que el azul ya no era tan azul, ni el mar tenía aquel olor a sal que tanto deseábamos.

Así que me propongo no vivir de sueños, sino vivir mi propio sueño. Y no, no es lo mismo. Negaré el futuro hasta que no lo viva como un presente, y anhelaré cada instante como si fuese el último. Saldré a la calle cada día con la mejor de mis sonrisas, aunque cueste, porque estaré en ese mundo en el que me siento segura, mi propio sueño del que soy un granito de arena en un desierto de montañas. Los océanos serán mi horizonte, y las estrellas, las guías en un camino empedrado de sonrisas y lágrimas.

Mi refugio contra el dolor, ése que golpea incesantemente, será la isla a la que huyo, con sus playas blancas y el oleaje golpeando en los arrecifes de coral. Y los bosques se abrirán a mí plagados de frutas exóticas, de verdes praderas y de carreteras estrechas, y las casitas, dispersas y de madera, servirán en sus porches tazones de chocolate a la luz de un sol blanco.


Me voy pues, dejando atrás el dolor y buscando un mañana.

martes, diciembre 07, 2010

La complejidad humana: de cómo sin palabras se entienden las personas.

El otro día iba caminando por la calle y vi a una pareja sentada en un banco del parque. Él, cabizbajo, triste. Ella, taciturna, ausente.

Sus miradas no se cruzaban, parecían vivir en mundos completamente distintos. Como tenía tiempo me senté en el banco de enfrente. Ninguno se inmutó ante mi presencia.
El rostro de la chica parecía querer gritar algo, en un desesperado tono de incomprensión. Él sin embargo, parecía derrotado. Sus cuerpos, separados a una prudencial distancia, apenas se rozaban, y las manos de uno y otro jugueteaban nerviosas.


Entonces ella se levantó, tiró al suelo un papel y se fue, sin más. Él, absorto en sus pensamientos, levantó la frente, pero ella ya estaba demasiado lejos. Cogió el papel y lo puso en sus rodillas, releyéndolo una y otra vez. Luego, me miró. Y lo que vi no me gustó.

Eran unos ojos tristes, tristes como nunca antes había visto. De un color gris, parecían reflejar el cielo encapotado que teníamos sobre nosotros. Las pestañas, oscuras y espesas, estaban mojadas de lágrimas, y las pupilas se dilataban una y otra vez como queriendo huír de los ojos.

Inconscientemente, sonreí. Quise darle mi apoyo a un desconocido, a un ser destrozado por una historia que nunca conocería. Él, asombrado, me devolvió la sonrisa, y se levantó. Rompió la nota y la tiró en la papelera, y apretando el paso, se perdió entre la gente que se amontonaba frente al puesto de castañas.

Yo me quedé allí, pensando. En lo efímero de las cosas, en lo fácil que es romper un corazón, hacer un daño irreversible. En que quería llegar a casa y estrechar su mano. Pero quizás, al llegar, no la encontraría...

viernes, noviembre 12, 2010

Al final Carlota sólo quiere volver a ser feliz... y lo va a conseguir.

miércoles, noviembre 03, 2010

Aquella noche la tempestad era demasiado fuerte, y desde mi camarote escuché al capitán rezar. Eso no era muy buena señal, así que decidí estar preparado y me vestí y metí en un saco una garrafa de agua, el viejo mapa que Joe me había regalado y mi sempiterna amiga la brújula. Salí al puente y enseguida comprendí la situación. Olas enormes, quizás de 9 o 10 metros, batían incesantemente contra el casco del buque, y la madera de los mástiles crujían a cada embite. Lo que antes habían sido hermosas velas blancas se encontraban hechas jirones, y ya nada parecía evitar la catástrofe.

Sólo recuerdo un fuerte golpe en la cabeza, quizás contra la quilla o contra la barandilla del puente de mando. Sólo sé que cuando me desperté, no había nada. Estaba tendido en el suelo, y arriba el cielo azul parecía blanco de tan limpio que estaba. El sol brillaba hacia el este, todavía levantando su magnificencia, y a mi alrededor, nada. Kilómetros y kilómetros de arena cuarteada por el sol. Ni una montaña, ni un árbol. Ya ni decir el mar. Estaba sólo en la inmensidad de la nada.

Primero pensé que había muerto. Me sentí defraudado, para qué engañarnos. Si aquello era lo que me esperaba, prefería el infierno. Pero me dolía demasiado la cabeza, y en un ademán comprobé que me sangraba. Me arranqué la camisa e hice un pequeño vendaje improvisado, bebí agua, pues mis sedientos labios parecían más agrietados todavía que el terreno, y me dispuse a caminar. Orientándome con la brújula, decidí caminar hacia el oeste, así mantendría a mi espalda el sol y sería más cómodo viajar.

Mi cuerpo parecía haber despertado de un letargo eterno, me costaba caminar, pero pronto las fuerzas fueron volviendo a mis piernas y pude avanzar sin problemas en aquel páramo desértico.

El tiempo no existía. Pronto me di cuenta de que el sol no se movía. Aquello, si cabe, me inquietaba.

A lo lejos, y después de un buen tiempo, contemplé algo que brillaba, produciendo destellos. Pensé que se trataría de un espejismo, pero por la posición del sol era imposible. Aquello era algo, y teniendo en cuenta que estaba en la nada, era una buena noticia.

Caminé sin tregua, y a medida que me acercaba mi corazón palpitaba con fuerza. Entonces lo vi. Una gran roca, orientada hacia el sol eternamente quieto, relucía chispeante como si de un gran espejo se tratase. Me acerqué, cauto, y puse la mano. Estaba fría, helada, y mi cuerpo ardiente por el sol no pudo evitar abrazarse al témpano de hielo. Con mi lengua lamía ferozmente la roca, pues hacía tiempo ya que el agua de mi garrafa se había evaporado. Parecía un pobre desalmado, pensé.

Cuando hube saciado mi sed, bordeé la roca, y vi que al otro lado, y a lo lejos, se extendía una hermosa y fulminante montaña. Rocosa en su base, a medida que ascendía iba aumentando la vegetación. Árboles de copas verdes, frondosas, se abrían paso entre pequeñas construcciones de cal. Y justo en la cima, una garganta rocosa dejaba caer desde una altura de vértigo una gran cascada de agua clara y pura, como nunca antes había visto.

Corrí hacia allí, pero cuando me faltaban a penas dos pasos para llegar al pie de la montaña, ésta desapareció, y me di de bruces contra una pared. Una pared transparente. Caminé cuanto mis fuerzas me permitieron paralelo a aquel muro que se extendía infinito hacia el cielo, pero siempre era igual. Pared dura que no me permitía pasar. Agotado, apoyé la espalda contra la barrera y me dejé caer, esperando ya una muerte inminente.

Abrí los ojos y me encontraba en un sanatorio. Rodeado de hombres con bata blanca, los murmullos parecían llegarme de más lejos todavía. Estaba atado a la camilla, y de mi boca salía, espumeante, algo que no me permitía hablar. Finalmente, que abriera los ojos dubo de sorprenderles, porque enseguida un hombre se me acercó y susurró en mi oído: "Has tenido suerte, te han encontrado unos pescadores flotando en el mar. Pronto estarás bien" y dicho esto, se giró, junto con sus compañeros, y pusieron rumbo a la puerta de la habitación. Cuando ya iba a cerrar los ojos de puro cansancio, vi algo que me inquietó, que me aterró. El hombre que me había hablado, que ya estaba cerrando la puerta, no tenía piernas, sino que flotaba en el aire, como aferrado a algo que yo era incapaz de ver.

Cogí unas tijeras y me las clavé en la garganta. No recuerdo nada más.

sábado, octubre 30, 2010





Sonrisas, muchas sonrisas, que son lo que ahora necesito.


¡Un beso a cambio de sonrisas señores!

martes, octubre 26, 2010


Gigantes de arena escondidos en las profundidades de nuestro yo interno.
Hay tantas cosas que quiero hacer y no me dejan...
¡No puedo agarrarme al vacío!
Pero quizás algún día me comprendas.

jueves, octubre 21, 2010


Clin clin.


El sonido de la campanilla la despertó de su letargo. La tienda estaba en penumbra y fuera caía un aguacero, lo que oscurecía todavía más la escena. Puso la mejor de sus sonrisas y dio las buenas tardes, esperando a que la figura borrosa de la entrada se aventurase a pasar. El hombre no contestó, se limitó a acercarse a una estantería y a hacer que buscaba algo. Ella decidió salir de detrás del mostrador, y se acercó con suavidad al extraño. "¿Desea algo?" El hombre llevaba un traje negro, bastante antiguo y con los puños de la chaqueta apolillados. Su rostro apenas se dejaba entrever bajo la solapa de un sombrero algo anticuado, y en su mano derecha llevaba un bastón sobre el que apoyaba su peso de forma torpe.


"Busco mi reloj"


Una voz fría, casi gutural, como de las profundidades de lo intangible, salió de una boca algo torcida, como en una mueca eterna.


"Es posible que encuentre algo parecido a lo que busca, tengo muchos relojes antiguos, de muñeca, de pared, de bolsillo... estos son muy apreciados entre la gente, con su cadenita..."


"Si, aquí está" masculló el hombre. Y sacó de un cajón un viejo reloj de bolsillo. Era de plata, con una bonita filigrana adornando la aureola, y con un extraño símbolo tallado en su reverso.


"¿Le gusta ese? Recuerdo que se lo compré a una viuda, que vivía en el viejo caserón que se levanta en la colina. La mujer tenía muchas antigüedades, pero sólo me quiso vender este reloj. La verdad que es precioso, es de los más delicados que tengo, tiene un gran trabajo de orfebrería..."


"Este reloj es mío".


Y sin más, se lo metió en el bolsillo de la chaqueta, abrió la puerta de la tienda y salió con una agilidad asombrosa. Ella corrió hacia la entrada, salió a la calle pero no vio nada. La lluvia caía sin tregua y la calle estaba asombrosamente vacía. No había callejones donde esconderse, ni tan siquiera un árbol bajo el que guarecerse. El hombre se había volatilizado. Subió y bajó la calle varias veces, esperando encontrar lógica a lo que le había ocurrido, pero nada.


Entró de nuevo en la tienda. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

viernes, octubre 15, 2010

En la cortina hay sombras de un árbol deshojado. Me gustaría coger un pincel y dibujar con pintura su silueta.

Qué idiotas somos a veces, que nos cuesta tanto encontrar algo bonito entre tanta miseria.

martes, septiembre 28, 2010

Miedo. Rabia. Dolor. En los últimos meses he pasado de uno a otro estadio, una y otra vez. Para encontrarme finalmente en un precipicio de vacío ensordecedor.

Así acaba la vida, en el más absoluto silencio.

Y mientras, fuera, la gente sigue riendo, los coches pitan y una mujer arrastra a su hijo al colegio.

A mi que nadie me vuelva a hablar de justicia, eso no existe.

domingo, septiembre 05, 2010

Cuando las nubes se vuelven rosas y el mar negro, entonces, y sólo entonces, apareces tú. Bajas despacio unas escaleras, como si tuvieras miedo a caerte, pisando cada escalón con suavidad. La madera cruje a tu paso, y un abejorro pasa silvando cerca de mi oído. Dicen que cuando sueño contigo tengo una sonrisa pintada en la cara, que mi respiración se acelera y mis manos, antes firmes, se vuelven temblorosas.

Dicen también que el sueño se desvanece, y al poco estoy de nuevo despierta, y sola.

Y que de mis ojos brotan lágrimas, lágrimas negras.